Este articulo esta extraido de: http://efemerides.zoomblog.comLa victoria de los españoles en Ceriñola había dejado el Reino de Nápoles, prácticamente, en poder de los Reyes Católicos. Dispuesto a defender los derechos de la Casa de Anjou sobre aquellos territorios, el monarca francés Luis XII ordenó al General La Tremuille que organizase un potente ejército capaz de derrotar al adalid de las armas hispanas, el victorioso General don Gonzalo Fernández de Córdoba. Más de 10.000 jinetes, 20.000 infantes y un numeroso tren de artillería fueron puestos a las órdenes del Marqués de Mantua, el cual entró en Italia al frente de sus tropas en el verano de 1503. Enterados los españoles, el Gran Capitán estableció sus fuerzas, unos 12.000 soldados, en posiciones defensivas establecidas en la margen izquierda del rio Garellano, y después de conquistar las fortalezas de Montecasino y Rocaseca, donde dejó una guarnición bien pertrechada, situó el grueso de su ejército en San Germán. No muy alejado de este lugar se alzaba el puente de Sessa, camino natural hacia Nápoles, el cual, caso de poder ser franqueado por el enemigo, le permitiría atacar por el flanco a los españoles. Para evitarlo, Fernández de Córdoba ordenó al Capitán don Pedro de Paz que con su gente lo impidiese a toda costa. El Marqués de Mantua cruzó el río por el vado de Ceprano y atacó Rocaseca. Tres asaltos hicieron los franceses y en los tres fueron rechazados. Ordenó entonces el de Mantua volver a cruzar a la margen derecha del Garellano para reorganizar el ataque, pero el Gran Capitán ya había dispuesto sus tropas cortándoles la retirada. Enfurecidos por la estratagema española, los franceses se lanzaron en tromba sobre el puente de Sessa. Viendo la inutilidad de la defensa ante tal superioridad numérica, don Pedro Navarro le prende fuego imposibilitando su uso. Los dos ejércitos se encuentran frente a frente en orillas opuestas. Decide el Marqués de Mantua construir un puente de barcas y atravesar el río, pero en su primera tentativa los soldados del Capitán García de Paredes hacen gala de tal acometividad y valor que obligan a los franceses a replegarse. Despliega entonces el galo toda su artillería y ordena batir el campo español mientras hace avanzar la infantería, logrando su propósito en esta segunda intentona al establecer una cabeza de puente en la ribera izquierda del río. La inteligencia táctica del Gran Capitán le hace ver el peligro que representa la posición alcanzada por el enemigo y lanza un rápido contraataque al frente de sus hombres los cuales, tras feroz y sangriento combate, logran forzar a los franceses a regresar a la orilla opuesta. Desanimado por el desastre, el Marqués de Mantua entrega el mando al Marqués de Saluces. Es en esos momentos cuando llegan al campo español los refuerzos: 3.000 hombres a cuyo frente cabalga don Bartolomé Albiano. A pesar de que la diferencia de fuerzas continúa siendo muy favorable al enemigo, el Gran Capitán decide aprovechar la euforia de sus soldados y pasa a la ofensiva. Ordena construir un puente de barcas diez kilómetros más arriba del que construyeron los franceses y, una vez terminado, para no despertar recelos deja parte de su ejército en el campamento y aprovecha la oscuridad de la noche para cruzar con el resto a la orilla francesa. Tal día como hoy de 1503, la vanguardia del ejército español, a cuyo frente marchan los Capitanes Albiano, Navarro, Villalba y Zamudio, cae como el rayo sobre el campamento de los franceses que, sorprendidos por la asombrosa gesta de los hombres del Gran Capitán, huyen en retirada dejando sobre el terreno más de 3.000 muertos, toda su artillería y una ingente cantidad de municiones y pertrechos.
En estos combates tuvo lugar la extraordinaria hazaña del Alférez don Hernando de Illescas. Portador de la bandera de su compañía, un disparo le destroza el brazo derecho. Sin arredrarse, coge la bandera con el izquierdo y continua avanzando al frente de las tropas. Un segundo impacto, esta vez de una bala de cañón, le cercena el brazo izquierdo. Cogió entonces la bandera con ambos muñones y se lanzó contra el enemigo gritando ¡España! hasta caer exánime. Soldados así harían exclamar a sus enemigos: ¡No hemos luchado con hombres sino con diablos!
1 comentario:
Le quedo muy reconocido por citarme en su blog, página por la que profeso un sincero aprecio. Reciba mi más afectuoso saludo.
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