Este articulo lo escribe nuestro colaborador Javier P.
Pedro Mesía de la Cerda, nació en Córdoba.Recibió su bautismo de fuego en la expedición a Cerdeña, en la escuadra del marqués de Mari.
En 1735, ascendió a Capitán de Fragata, navegó por aguas de América, en la protección de la recalada en San Vicente e islas Terceras (actuales Azores.)
Diez años más tarde ascendió al grado de Capitán de Navío.
El navio“El Glorioso”, fue botado en 1740, armado con 70 cañones. En 1747 fue comandada por Pedro Mesía de la Cerda, protagonizando una una gesta que le haría merecedor de su nombre. El Glorioso había partido de La Habana con un gran tesoro en sus bodegas, cuatro millones de pesos de plata, imprescindibles para financiar la participación española en la costosa contienda en que estaba sumida, conocida como la Guerra de Sucesión Austriaca, y que en el Atlántico era una lucha entre España e Inglaterra. Las órdenes dadas a Pedro Mesía eran bien concretas: evitar a toda costa que cayera en manos de los ingleses, y desembarcar la plata en la península. El primer tramo de la travesía se hizo sin problemas, y el 25 de julio de 1747 avistaron las islas Azores. El lugar tenía agradables recuerdos para los españoles, pues en esas aguas, en 1590 la escuadra de don Alonso de Bazán (hermano de don Álvaro, marqués de Santa Cruz) derrotó a otra inglesa, apresándole el famoso galeón Revenge, que había sido en varias campañas, incluida la de la Invencible, el buque insignia de Drake.
Esa misma tarde se destacaron en el horizonte un gran número de velas. Se trataba de un convoy de doce mercantes ingleses protegidos por la escuadra del comodoro John Crooksanks, con el Warwick, un navío de 60 cañones, la fragata Lark, de 40 cañones, y un bergantín de 20 piezas.
El Comodoro juzgó que un navío de 70 cañones sería presa fácil para sus dos buques mayores, que sumaban 100 cañones, e intuyó que procediendo de América llevaría una carga sustanciosa. Dispuso al ataque dejando al bergantín a cargo de los mercantes, mientras el navío y la fragata se lanzaban en persecución del Glorioso. Como la fragata Lark era más rápida que el Warwick, se adelantó con la intención de detener al navío español y dar tiempo para que llegase el Warwick.
La noche cayó en plena persecución. Al amanecer, se entabló un duelo cañonero entre el Glorioso y la Lark, la nave española viró para dar un costado a la fragata, donde Pedro de Mesía ordenó trasladar cuatro de los cañones más potentes y de más alcance , dos de 24 libras y otros dos de 18 libras. Con esta provisional dotación, mantuvo a raya a la fragata sometiéndola a un fuego preciso. La Lark no cejó en el empeño de atacar al navío, pero sufrió un castigo tan certero en el cañoneo que acabó hundiéndose, aunque dió tiempo a que el otro navío se aproximara
Cuando el Warwick llegó a la altura del Glorioso, éste viró en redondo, se acercó hasta estar a tiro de pistola y disparó con descargas muy certeras al Warwick. Tras hora y media de intercambio de disparos, el inglés perdió el palo mayor, el mastelero del trinquete (la mitad superior del palo de proa), y gran parte del velamen. Pedro Mesía no se quiso entretener más, pues tenía que llevar a buen puerto su mercancía y puso rumbo E.
El Glorioso había sufrido daños y entre los impactos recibidos destacaban cuatro casi en la línea de flotación, pero que fueron tapados con diligencia. También procedieron a hacer las reparaciones que fueron posibles en alta mar mientras seguían navegando. La misión todavía podía cumplirse, la plata no había caído en poder de los ingleses. Hubo 5 muertos y 44 heridos. Don Pedro Mesía escribía en el diario de a bordo: “Los muertos que he tenido durante la función han sido tres hombres de mar y dos pasajeros llamados don Pedro Ignacio de Urquina y Juan Pérez Veas; heridos leves 1º y 2º condestables; de la brigada Infantería, han sido diez, pero solo uno de cuidado los demás leves; artilleros, marineros y grumetes veintinueve, de los que seis son graves y los demás de muy poco cuidado. Se han disparado 406 cañonazos de a 24; 420 de a 18; 180 de a 8; 4400 cartuchos de fusil.”
Cuando llegó la noticia al Almirantazgo Británico de la derrota sufrida por fuerzas inferiores, provocó que el comodoro John Crooksanks, por negligencia en el combate, fuera sometido a consejo de guerra, y no volvió a tener mando. El 14 de agosto por fin tuvieron a la vista el cabo de Finisterre, pero antes de que la alegría se extendiera por la tripulación, vislumbraron en el horizonte otra escuadra inglesa que permanecía apostada junto a la costa gallega, esperando como lobos la llegada de cualquier barco procedente de América. Era la escuadra del vicealmirante John Byng, compuesta por el navío Oxford de 50 cañones, la fragata Soreham de 24 cañones y el bergantín Falcon de 20 piezas. Los tres barcos pusieron proa al Glorioso. Iniciaron un intercambio de disparos, al cabo de tres horas el navío español quedó con la popa destrozada, perdió el bauprés (el palo horizontal de la proa), y sufrió otras averías sobre todo en el velamen, pero los británicos llevaron lo suyo. El navío Oxford quedó desarbolado, la fragata y el bergantín sufriendo serios daños. El Glorioso otra vez logró zafarse y continuó su derrota a tierra.
El 16 agosto el navío español pudo entrar en el puerto de Corcubión. Se desembarcó la plata americana, con lo que la misión quedaba cumplida. Corcubión era un puerto demasiado pequeño para reparar la gran cantidad de impactos y destrozos en mástiles y velas, así que se hicieron los arreglos más urgentes, acopio de víveres y de munición, se dejo a los tripulantes en peor estado, y salieron otra vez a la mar con rumbo al Ferrol, en cuyos astilleros sí podría recuperarse. Sin embargo, una vez en la mar, un fuerte viento del noroeste impidió al Glorioso acercarse a su destino. Pedro Mesía decidió arrumbar al sur, hacia Cádiz. El viento les era muy favorable, pero esta ruta era muy peligrosa, ya que el vicealmirante Byng contaba en la costa portuguesa con muchos buques practicando el corso. Para evitarlos, el Glorioso se alejó de la costa y navegó a alta mar, dando un amplio rodeo.
El diecisiete de octubre al llegar a la encrucijada del Cabo de San Vicente (lugar de tantos encuentros navales) se toparon con una escuadra de navíos de corsarios británicos llamada Royal Family, por los nombres de los buques que componían su agrupación, que eran cuatro fragatas que en total montaban 120 cañones, siendo sus nombre King George, Prince Frederick, Duke y Princess Amelia; llevando en total 1000 hombres de tripulación, y estando al mando del comodoro George Walker.
Estas son palabras del Comandante Pedro Mesía :“Al divisarlos el viento cayó, quedándose los buques casi parados, al levantarse el Norte sobre las 0500 horas de la madrugada, permitió a la King George insignia de la división, acercarse a nuestro Glorioso, siendo las 0800 horas cuando se colocó a tiro de cañón, con lo que comenzó otro combate, pero tuvo mala fortuna o muy buena puntería nuestros artilleros, ya que a la primera andanada se desplomó el palo mayor y le desmontó varios cañones”. El Glorioso aguantó tres horas de duro castigo de las otras fragatas. Todo parecía ir bien a los británicos, ya que en ese momento otro navío de 50 cañones, el Darmouth se unía al combate.
De repente se oyó un fuerte estallido. El Glorioso había sido tan certero en sus disparos que uno había impactado en la santabárbara del británico, lo que hizo que la voladura del navío Darmouth fuera inmediata, causando su pérdida total y la de más de trescientos hombres de su dotación. Solamente se salvaron catorce.
Los ingleses recibieron nuevos refuerzos, nada menos que de un navío en línea con tres puentes y de 92 cañones, el Russell. Cuando se colocó al costado del Glorioso, comenzó un nuevo acto de este largo combate. El Glorioso continuó disparando sus escasas municiones, prolongándose el combate hasta el amanecer. El casco tenía tantos
impactos y vías de agua que amenazaba con hundirse, la munición estaba agotada y su aparejo había desaparecido casi por completo, por lo que la defensa ya no era posible. El número de muertos alcanzaba los treinta y tres y los heridos ciento treinta y como es natural los restantes miembros de la tripulación ya carecían de fuerzas, por lo que su comandante Pedro Mesía ordenó arriar su pabellón y se rindió.
En esta ocasión los ingleses no pudieron robar nada, e incluso de poco les sirvió el navío, pues se encontraba en tan mal estado que al llegar a Lisboa, tuvo que ser desguazado
El trato que tuvieron con los marinos españoles fue correcto, elogiando su valor.
El Comandante Pedro Mesía, y parte de la tripulación fueron llevados a Londres, y posteriormente serían puestos en libertad, regresando a España.
El Rey, ascendió a Pedro Mesía de la Cerda a Jefe de Escuadra, así como a los supervivientes de la dotación por su valor y destreza se les proporcionó recompensas y ascensos
Pedro Mesía de la Cerda es uno de los muchos casos de marinos españoles avezados en las artes de la mar y de la guerra que cosecharon triunfos notables, y que se ha divulgado poco sus acciones.
J.P.
Herencia española 5º aniversario
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¡¡¡IMPORTANTE!!!
POR CUESTIONES ÉTICAS Y DE LIBERTAD DIGITAL HEMOS MIGRADO LA WEB A WORDPRESS LOS NUEVOS ARTÍCULOS SERÁN VISIONADOS EN LA NUEVA PLATAFORMA.
SOY CONSCIENTE DE QUE QUEDA MUCHO TRABAJO POR ORGANIZAR Y POR CATEGORIZAR PERO POCO A POCO ESPERO IR MEJORANDO LOS CONTENIDOS Y LOS ESTILOS.
GRACIAS Y DISCULPAD LAS MOLESTIAS.
http://herenciaespanola.wordpress.com
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2 comentarios:
Muy Bueno
A ver si en las escuelas españolas enseñamos a nuestros niños quienes eran estos pesonajes, y así aprenden a querer un poco más a este pais.
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