En Agosto de 1.779 asciende Antonio Barceló a Jefe de Escuadra, dándosele una importante misión de mandar las fuerzas navales de apoyo al sitio de Gibraltar. El mando de las fuerzas de por tierra lo llevaba Martín Álvarez de Sotomayor. Además otra flota de bloqueo operaba con bases en Algeciras, Málaga y Cádiz.
El bloqueo no fue muy eficaz. Se reforzó la flota de Barceló con un navío, una fragata, 3 jabeques, 5 jabequillas, 12 galeotas y 20 embarcaciones menores.
Barceló inventa y emplea por primera vez las lanchas cañoneras
La dificultad era atacar la plaza por mar, ya que por tierra era mucho más difícil dados los alcances de los cañones de la época y a la inferioridad manifiesta de los buques de vela y madera de la época contra las fortificaciones terrestres. Al ser menguada la flota que se le proporcionó a Barceló y de insuficiente potencial de fuego. Antonio Barceló tuvo una genial idea, que fue la de embarcar grandes cañones de a 24 libras o con morteros en botes a remos de gran tamaño. Para proteger a la dotación del bote cañonero se dotó de un parapeto plegable (que se podía alzar o abatir) forrado por dentro y por fuera por una capa de corcho. Tenían de eslora 56 pies, 18 de manga y 6 de puntal, con 14 remos por banda, el cañón y una dotación de una treintena de hombres. El cañón tenía un dispositivo giratorio que permitía apuntarlo sin modificar el rumbo de la lancha. Posteriormente se le añadieron a las lanchas un forro de hierro para blindar el casco hasta debajo de la línea de flotación.La idea de las lanchas cañoneras tuvo muchos escépticos en el bando español, muchos pensaban que las lanchas no podrían soportar el peso y el retroceso del cañón. Por otro lado los ingleses en cuanto vieron en la Mar las estrafalarias lanchas, rompieron en risas. Pero pronto se comprobó su efectividad. Ya que las lanchas actuaban sobre todo de noche acercándose mucho a la costa del Peñón con que podían afinar bastante bien la puntería. Y por otro lado la artillería enemiga no podía apuntar a blancos tan pequeños e invisibles durante la noche. Pronto desistieron los británicos en malgastar munición contra las lanchas del "Capitán Toni". De la efectividad de aquellas primeras lanchas cañoneras no hay mejor juicio que el propio que hicieron de ellas los propios británicos, véase el testimonio del capitán Sayer
"La primera vez que se vieron desde nuestros buques causaron risa; mas no transcurrió mucho tiempo sin que se reconociese que constituían el enemigo más temible que hasta entonces se había presentado, porque atacaban de noche y, eligiendo la mayor oscuridad, era imposible apuntar a su pequeño bulto. Noche tras noche enviaban sus proyectiles por todos lados de la plaza. Este bombardeo nocturno fatigaba mucho más que el servicio de día. Primeramente trataron las baterías de deshacerse de las cañoneras disparando al resplandor de su fuego; después se advirtió que se gastaban inútilmente las municiones”.
A Barceló y a la Armada Española le cabe el orgullo de ser inventor y primera utilizadora de las lanchas cañoneras que tan grandes servicios dieron luego a nuestra nación y todas cuantas las utilizaron. Barceló las volvió a utilizar como más adelante se verá con grandes éxitos y posteriormente se volvieron a utilizar por la Armada Española en numerosas ocasiones. Otra de estas ocasiones y muy notable se dio un cuarto de siglo después para rechazar uno de los intentos de la Armada de Nelson por bloquear y desembarcar en Cádiz.Al General Martín Alvarez de Sotomayor le relevó al mando del Sitio de Gibraltar el duque de Grillón, que recibió instrucciones reservadas para que estudiase la capacidad de Barceló como general. Esta estaba en entredicho (posiblemente por los orígenes humildes y su carrera autodidacta de Corsario), aunque por supuesto que se le reputaba fama de bravo capitán. El duque una vez que conoció a Barceló, terminó recomendándole para el ascenso a Teniente General, según consta en carta de Floridablanca6 a Grillón. Esto prueba lo eficaz que consideró a Barceló, a pesar de su sordera (provocada por el estruendo de los cañones) y de su edad, uno de los inconvenientes que le achacaban sus detractores (contaba en el 1.783 con 66 años, lo que era ya una avanzada edad en esa época).
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