Este articulo lo escribe nuestro colaborador Pedro Ramón Peinado.España llegó tarde al reparto del pastel africano. Tan tarde que cuando quiso acordar sólo tenía un trozo desértico al norte, el Sáhara Occidental y otro trozo mínimo al sur, Guinea. y es de comprender que, teniendo casi todo el continente Americano, África nos la bufase. El caso es que, por circunstancias de la Historia, Guinea llegó a España de rebote, sin planificarlo siquiera.
España mantenía una durísima pugna con Portugal que se vio zanjada en 1778, tras el Tratado del Pardo sobre la Colonia de Sacramento sita en Uruguay. Nos engañaron como a chinos. Nos sacaron de nuestro continente mandándonos al suyo. En un "yo te doy tu me das", pillamos un terruño selvático. Muy verde y muy tropical, pero al que la verdad no se le hizo ni puñetero caso. Tan poquito se consideró que tardamos bastantes años en ir a tomar posesión. Fue el trozo raro del Imperio al que se ninguneó. Yo creo que no sabíamos ni que lo teníamos, ni cuando se integró en el Virreinato de Río de la Plata hasta 1810 ni después. Sólo nos servia cómo base de operaciones para llevar esclavos a América. Cuando los ingleses nos cañonearon hasta conseguir que aboliéramos la esclavitud el negocio se fue al cuerno. Guinea cayó en el olvido saliendo solo a la palestra cuando alguien se interesaba en pillárnosla previo pago o invasión. Entonces nos poníamos gallitos y movíamos el dedo índice diciendo "A Guinea ni mirarla". Después se nos olvidaba otra vez, hasta la siguiente provocación, Así hasta que el abuelo Paco fijó sus ojos en sus veintiseismil metros cuadrados de territorio continental y dos islas y decidió hacer algo con ella. Si, señores. El poco progreso que conoció Guinea de manos españolas fue de la mano del Dictador. para gustos colores.
El caso es que Guinea era algo así cómo uno de esos cacharros que uno compra sin pensar y que después lo tiene rodando por toda la casa sin saber muy bien ni para que sirve ni donde ponerlo. Era un territorio nimio en el continente en comparación con sus vecinos y dos islitas que, eso si, nos disputaron cómo moscas cojoneras los ingleses en diversas ocasiones. Finalmente y cómo no se sabía para que la queríamos la utilizamos para lo más lógico. Cómo destino de maleantes y delincuentes. Guinea se convirtió en presidio del Estado en 1861. Años antes, cómo ya he dicho, había servido de base para expediciones esclavistas con destino a los cultivos de ultramar. Esto quedó claro en la película "Amistad" que nos dejaba a la altura de Betún. Al menos yo interpreté que cuando salía esa secuencia tan mal rodada en que los bretones bombardean una fortaleza llena de esclavos, ésta estaba en Guinea. Después sirvió para traernos a todos los que querían seguir siendo españoles cuando Cuba dejó de serlo siempre y cuando fueran tiznados. Algo así cómo separar en categorías a nuestros compatriotas. Español blanco a España. Español negro a Guinea. Todo muy democrático y voluntario. Deprimente. Finalmente se decidió hacer algo, cuando ya corría el franquismo. Un plan de desarrollo sin saber muy bien que quería decir esto.
Porque hablando claro Guinea Ecuatorial era lo más próximo a un territorio inútil que teníamos. Incluso el Sáhara era rico en fosfatos, pero Guinea... Guinea sólo tenía selva. Nuestros intrépidos expedicionarios la recorrieron por sus tres fronteras rectilíneas sin encontrar más que selva, bichos y nativos cabreados. Al final, aprovechando el clima y puesto que el turismo supongo que no era demasiado viable, para lo que al final sirvió fue de una enorme plantación de cacao que se cultivó con miles de braceros traídos desde Nigeria. Eso fue Guinea, el huerto del cacao que pagabamos de mano de la maquinaria franquista a precio de oro. Y la verdad no es de extrañar que nos deshiciéramos de ella de una manera tan, digamos, diplomática. Costó al principio pues el abuelo Paco la quería cómo un territorio colonial para poder decir que seguiamos siendo la hostia. Que teníamos territorios por ahí que nos costaban una pasta y de los que no sacábamos más que materia prima para el Cola Cao. La opinión pública, amordazada pro el Régimen, de haber sabido lo que nos costaba el territorio en cuestión no habría dudado en mandarla al paseo. Si hubieran sabido el potencial petrolífero de la misma, de seguro que aún estaríamos peleando por no deshacernos de ella. Así son las cosas y así las cuento.
Aquí, quizás, pecare de ser un poco muy parcial. Guinea Ecuatorial no nos aportaba nada antes de revelarse cómo una potencia petrolífera y la misma ONU inútil que propuso la descolonización del Sahara, forzó la de Guinea. En este caso nos encogimos de hombros y dijimos "pues vale". No hubo tantos reparos para deshacernos de ella, es cierto, pero no es menos cierto que se intentó todo lo intentable legalmente, de forma diplomático y sin liar la de San Quintin, para conservarla. Se nombró provincia con el mismo estatus de las provincias españolas e incluso otorgarle el estatus de Comunidad Autónoma con un cierto grado de Autogobierno. Aunque viéndolo desde la perspectiva del tiempo quizás el Abuelo se olía algo y pensaba que era mejor estar a buenas con los Guineanos. Nunca lo sabremos.
De todos modos, la ONU, ansiosa de descolonizaciones (¿para cuando lo de Gibraltar?) no se dejó engañar y forzó a la misma al Régimen. Carallo, debió pensar el dictador cuando supo firmado el tratado entre Guinea y España para su independencia. Joder, debió pensar Macias cuando vio que los españoles se iban llevandose su dinero y todo lo que podían arramblar devolviéndoles a la edad de piedra. Pero no había problema. Cómo todo en África es explotable, mientras las potencias occidentales volvían a casa, las potencias comunistas ocupaban su lugar. Años más tarde compañias rusas, cubanas y de índole comunista se plantarían en el territorio descubriendo el petróleo que no descubrió España. Guinea se convertía en un país inmensamente rico, de cara a la galería muy democrático y realmente en una dictadura atroz de manos de Macias y posteriormente de Obiang. Aquí es cuando España debió pensar que tenía que poner toda la carne en el asador para reivindicar lo que no reivindicó cuando en los sesenta la colonia se hizo independiente.
Guinea Ecuatorial es en la actualidad una Democracia Constitucional. Perdonad, pero me estoy partiendo de risa al escribir esto. Cómo todo lo que la ONU obliga a hacer rápido, suele salir mal y Guinea no es la excepción que confirme la regla. Es una puñetera dictadura en manos de Obiang que se ha hecho muy rico con el petroleo y que oprime sin problemas a la población. España siempre representó la Justicia y el Orden que el dictadorzuelo africano se pasa por el arco del triunfo. Aquí es cuando viene la reivindicación, pues España debiera alegar éste hecho cómo causa justa para una intervención en el país. De hecho España aplica un doble rasero hacíendole la corte a Obiang con importantes inversiones mientras ningunea con falsas promesas a la Oposición democrática representada por Severo Moto. Es cierto que nuestro país se lavó las manos porque allí no había tela que cortar. También es cierto que ahora resultaría hipócrita reivindicar el territorio por tener una riqueza petrolífera que supera los trescientos mil barriles diarios.
Pero no es menos cierto que es repugnante que el dinero de los españoles vaya, via Cooperación Internacional, a manos de un dictador que viola derechos humanos y que no tiene la más mínima intención de acabar con esa situación en el País. Bajo mi punto de vista España debe reivindicarse cómo País que tiene que decir mucho en cuanto a esta situación y plantearse, al menos, sanciones económicas e intervenciones encaminadas a conseguir que Guinea sea el país democrático que debe ser. Pues, tal y cómo Marruecos hace y deshace en el Sáhara sin control de la ONU que le otorgó el territorio, Guinea hace lo mismo sobre sus nacionales que aún siguen preguntando ¿Cuando van a volver los Españoles?
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