Herencia española 4º aniversario

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01/05/2011

´Los gallegos fueron los mejores obreros del canal de Panamá´

Articulo extraido de: http://www.laopinioncoruna.es

"Los estadounidenses mandaron a España a un hombre para recultarlos. Les pagaban el doble que al resto de los operarios".

P. MERA P. Mera.A Coruña

Juan Manuel Pérez supo de la valiosa mano de obra que Galicia aportó a la construcción del canal de Panamá "de casualidad", cuando desempolvaba unos documentos sobre la obra que EEUU

-administrador del canal hasta 1999- depositó en la biblioteca del Congreso, en Washington, donde trabaja desde hace años. Tras encontrarse con varias fotos de obreros descritos en el archivo como "gallego workers", comenzó a investigar hasta descubrir que los operarios gallegos eran "los mejor valorados" por los ingenieros que dirigían los trabajos. "Me llenó de orgullo y eso me animó a seguir investigando", hasta publicar Pro mundi beneficio: Los trabajadores gallegos en la construcción del canal de Panamá, 1904-1914, editado por la Fundación Barrié y el Consello da Cultura Galega.

-¿Cómo fueron a parar 5.500 gallegos a Panamá?

-En los primeros años de la obra los trabajadores (la mayoría de las Antillas) no rendían, enfermaban y dejaban pronto el trabajo, así que uno de los ingenieros estadounidenses decidió contratar a unos 500 operarios gallegos con los que había trabajado en unas obras de ferrocarril en Cuba y que le habían dado muy buen resultado. A los pocos meses, al ver rendimiento que tenía ese grupo en la construcción del canal, la comisión encargada de las obras envió a un reclutador, Leroy Park, a España para contratar a más gallegos. Con la ayuda del naviero vigués Estanislao Durán, que organizaba los viajes, Park consiguió enviar a Panamá, entre principios de 1906 y finales de 1908, a unos 9.000 obreros españoles, de los que entre 5.500 y 5.800 eran gallegos, la mayoría de la zona de Vigo y Pontevedra. Durante esos años, cada mes salían hacia Panamá dos barcos del puerto de Vigo y uno de Santander con obreros.

-Pero esta contratación en origen no fue del todo sencilla.

-Efectivamente, el Gobierno español por aquella época no tenía muy buenas relaciones con Estados Unidos y tenía una política contraria a la emigración. De hecho, a finales de 1908 aprobó una ley que prohibía emigrar a Panamá. Y también he visto pasquines de la época en los que se decía a los gallegos que no fuesen allí porque las condiciones laborales eran malas y había muchas enfermedades. Pero Park también editó 10.000 copias de un folleto en el que relataba las ventajas del contrato, e hizo que los obreros que ya estaban en Panamá escribieran a sus familias en Galicia para decirles que estaban bien. En uno de sus escritos, Park presumía de que `no hay aldea en los alrededores de Vigo que no se haya enterado de nuestra oferta´.

-¿Por qué eran tan apreciados los trabajadores gallegos?

-En ninguno de los documentos que he revisado encontré ni un solo mal comentario sobre los gallegos, al contrario. Todos los informes de los ingenieros coinciden en que los gallegos eran `los mejores obreros´, porque además de fuertes y corpulentos, eran más trabajadores que los antillanos y más pacíficos que los italianos. Además, se adaptaban muy bien a cualquier tipo de tarea e incluso se señalaba que eran los más indicados para labores que requirieran iniciativa e inteligencia, desmontando así el cliché del gallego tonto y aldeano. Según el jefe de la obra, John Stevens, `cada gallego vale por tres´ y, de hecho, los gallegos cobraban el doble que el resto: a ellos les pagaban, en oro, 20 céntimos por hora, y a los demás 10 céntimos y en plata. Los gallegos fueron cruciales en la construcción del canal, sobre todo en los primeros años.

-¿Esas alabanzas no esconden una explotación laboral?

-Es verdad que trabajaban al menos nueve o diez horas diarias, en un clima hostil y con los problemas sanitarios que había en Panamá, aunque ya no había tantas enfermedades como antes. Además, las labores de los gallegos eran las más duras, de pico y pala: abrían el agujero, cargaban y descargaban tierra de los trenes y muchas veces tenían que trabajar con el lodo hasta la cintura. De hecho, protagonizaron varias protestas e incluso alguna huelga porque reclamaron, con éxito, poder parar diez minutos para tomar pan con chorizo, como hacían en casa.


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