Herencia española 4º aniversario

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21/11/2011

Isabel la Católica: precursora de los derechos de la humanidad

Articulo extraído de: http://www.historia-mexico.info/
En los últimos tiempos existe un marcado desprecio desde determinados sectores de la sociedad hacia la figura de Isabel la Católica. Las razones que esgrimen se desvanecen al cotejar los hechos históricos y sobre todo el Testamento de la Reina.
Muchos ven en Isabel I, la figura de una persona despiadada sin embargo, fue ella quien prohibió a Cristóbal Colón la venta de los pobladores del territorio americano como esclavos. Ella misma dijo, que la gente que moraba en aquellas tierras eran hombres libres tal como los habitantes de Castilla. Los esclavos que Colón llegó a vender fueron rescatados y devueltos a su tierra originaria de esta manera, recuperaron su libertad.
Si bien estas palabras pueden sonar como algo muy común en aquellos tiempos las circunstancias eran realmente distintas ya que el comercio con personas era una práctica muy extendida. El proceder de Isabel la Católica es realmente atípico para su época y no fueron pocos quienes afirmaron que se trata de una precursora de los derechos de la humanidad. Tales actos, tan fuera de lo común en su época, fueron uno de los tantos fundamentos que se presentaron ante la Santa Sede para canonizar a la Reina. Pero el proceso quedó inconcluso debido a la presión que un Cardenal alemán ejerció para evitarlo.
A continuación se presenta un fragmento del Testamento de la Reina Isabel La Católica
Fragmento del Testamento de Isabel la Católica, fragmento del Codicilo anexo al Testamento. Pide buen trato para los indios, vecinos y habitantes de las Indias.
(Fragmento del Codicilo de Isabel de Castilla, otorgado en Medina del Campo a 23 de noviembre de 1504).
ÍTEM, por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro Sexto, de buena memoria, que nos hizo la dicha concesión, de procurar de inducir y traer los pueblos de ellas y convertirlos a nuestra santa fe católica, y enviar a las dichas Islas y Tierra Firme prelados y religiosos y clérigos y otras personas doctas y temerosas de Dios, para instruir (a) los vecinos y moradores de ellas en la fe católica, y enseñarles y adoctrinar (en) buenas costumbres, y poner en ello la diligencia debida, según más largamente en las letras de la dicha concesión se contiene, por ende suplico al rey mi señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la dicha princesa, mi hija, y al dicho príncipe, su marido, que así lo hagan y cumplan, y que este sea su principal fin, y que en ello pongan mucha diligencia, y no consientan ni den lugar que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, más manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido lo remedien y provean por manera que no se exceda en cosa alguna lo que por las letras apostólicas de la dicha concesión nos es inyungido y mandado.

Isabel La Católica
Isabel la Católica nació el día 22 de abril de 1451 (jueves Santo) en madrigal de las Altas Torres. Falleció el 26 de noviembre de 1504 en Medina del Campo.

31/10/2011

Hemos recibido el premio "De mi parte"

RECIBIMOS EL PREMIO “ DE MI PARTE ”

Quiero darle las gracias a nuestro amigo y hermano del blog Cuba española que me ha otorgado el Premio “DE MI PARTE”.


Al aceptar el premio, hay que decir 3 verdades y 3 mentiras sobre uno mismo, y compartirlo con otros 5 sitios de Blogs.

Si me lo permiten estas condiciones las pondré mas adelante.


Quiero ofrecer este premio a los siguientes blogs por su gran trabajo y dedicación:



25/10/2011

Mis disculpas a España

Por Pedro Cayuqueo 13 Octubre, 2011

Aconteció en Madrid el año 2009, en un foro sobre la lucha indígena en América Latina donde fui invitado a exponer en mi calidad de periodista. “Yo aquí, como Mapuche, les pido disculpas porque lo mejor que tenían ustedes, lo mejor de vuestra juventud, fue a morir a nuestro territorio. Y fueron a morir en una guerra imperial que probablemente no buscaron ellos ni mucho menos nuestros ancestros. Nuestro territorio fue el cementerio español en América y por ello, acepten mis disculpas, que siempre engrandecen a quien las da y ennoblecen a quien las acepta”, fue lo que dije a los españoles al iniciar mi conferencia. Demás está contarles que el silencio y las caras de sorpresa fueron totales. Tanto entre los españoles asistentes al foro -que no podían creer lo que sus oídos escuchaban- como en la mayoría de mis colegas expositores, en su mayoría comunicadores indígenas de Centroamérica que poco y nada parecían entender mi emotiva “conversión” proespañola y, sobre todo, monárquica.

Siempre cuento esta anécdota madrileña cuando expongo del tema mapuche. Y lo hago porque me permite ahorrar cuando menos dos o tres siglos de latoso recuento histórico. Y es que como algunos ya lo sospechan, nuestra fatalidad histórica como pueblo poco y nada tiene que ver con el Rey de España. No es malo recordarlo, sobre todo un 12 de Octubre, cuando la cercanía de los árboles impide a tantos ver el bosque.

Lo reafirmo hoy en esta tribuna: lo acontecido con mi pueblo bastante poca relación tiene con el bendito 12 de Octubre. Muy poco que ver con la Corona y si mucho con las Repúblicas. Muy poco que ver con los españoles y sí mucho con la historia no contada de los pueblos chileno y argentino. Dejemos por tanto descansar en paz a Cristobal Colón, Francisco Pizarro y el crédito local, Pedrito de Valdivia. Pocos saben -y básicamente porque a nadie se le enseña en la escuela- que los mapuches casi nada perdimos con España. Hasta podría decir que ganamos. Sí, ganamos el arte de la caballería, los textiles, la platería y una lengua castellana casi tan hermosa como la nuestra. Es cierto, se trató en los inicios de una guerra. De una cruenta y dolorosa guerra de anexión colonial. Pero la muerte de tres Gobernadores al sur del Biobío fueron más que suficientes. Sobrevino entonces la diplomacia de las armas y con ella florecieron en La Frontera el comercio, las artes, la ciencia y la Política. Así como lo lee, la Política, con mayúscula, que aquello eran precisamente los Parlamentos.

No viene mal recordar, sobre todo en esta fecha, que los mapuches perdimos nuestra independencia no precisamente a manos de los ancestros del Rey Juan Carlos. Fue hace no mucho tiempo, poco más de un siglo, después que Bolivia perdió el mar ante Chile en la llamada “Guerra del Pacífico”, sin ir más lejos. Aconteció entre los años 1880 y 1886, con presupuestos aprobados en los Congresos chileno y argentino, tras “democrático” debate impulsado por lo más selecto de la elite dirigencial de ambas repúblicas. Si transcurrido más de un siglo la demanda marítima boliviana sigue estando tan presente en la población altiplánica, ¿se imaginan cómo será para nosotros la añoranza de aquel territorio propio, de aquel hogar nacional saqueado por chilenos y argentinos a punta de quemas de sembradíos, robo de animales y cantidades industriales de chupilca del diablo? Si fueran mapuches como yo o como mi abuelo ¿cómo creen se sentirían al respecto?

Estimado lector, estimada lectora: que no le sigan pasando en octubre gato por liebre. El conflicto actual no tiene 500 años como insisten autoridades y uno que otro periodista despistado. A lo más, 130 años. De hecho, está de cumpleaños muy pronto, el próximo 4 de noviembre, fecha en que se conmemora el último “Malón General” acontecido en el valle de Temuco el año 1881. Allí se enfrentó el ejército mapuche contra las fuerzas militares comandadas por Gregorio Urrutia, dicho sea de paso, condecorado oficial chileno de la “Guerra del Pacífico”. Aquella batalla constituyó la derrota definitiva de nuestro pueblo. Ello al menos en este lado de la cordillera.

Al otro lado, en Puelmapu, “la tierra mapuche del este”, las escaramuzas se prolongarían hasta bien entrado 1886, año de la rendición del lonko Sayweke ante las fuerzas militares argentinas en Junín de los Andes. Cuesta entenderlo de buenas a primeras, pero gran parte del “conflicto mapuche” actual es consecuencia directa de esta historia que les relato. Lo repiten y hasta el cansancio los lonkos en Ercilla, Lleu Lleu, Makewe y Lumaco, hijos, nietos y bisnietos de aquellos weichafes caídos en la batalla de Temuco. Pero al otro lado nadie los escucha. Mucho mejor negocio culpar a los conquistadores y su “barbaridad” legendaria. “No esperen que resolvamos en cuatro años un problema que se arrastra por más de quinientos”, escuché decir una vez desde La Moneda. Hay que ser muy caradura. Mis disculpas nuevamente a España.

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Fuente: The Clinic

27/09/2011

Batalla de Cornualles



Tras el asesinato de Enrique III de Francia, la corona francesa recayó en el protestante Enrique III de Navarra. La Liga Católica, el papa Sixto V y el rey Felipe II de España se negaron a reconocerle como rey de Francia. Así, el rey español envió en 1590 una expedición al país galo al mando de Juan del Águila.

Los ingleses, como protestantes y enemigos de España por la guerra que había comenzado en 1585, apoyaron a Enrique de Navarra y enviaron tropas a Francia. En 1595 Juan del Águila decidió organizar una expedición de castigo contra Inglaterra. La expedición fue encomendada a Amésquita, quien, al mando de tres compañías de arcabuceros (unos 400 hombres), zarpó en cuatro galeras (Capitana, Patrona, Peregrina y Bazana) el 26 de julio de Blavet en cuatro galeras de la escuadra de Pedro de Zubiaur. Tras recalar en Penmarch, desembarcaron en la Bahía de Mounts (Cornualles; Cornwall, en inglés) el 2 de agosto.

Las milicias inglesas, que aglutinaban a varios miles de hombres y eran la piedra angular de la defensa inglesa en caso de invasión de tropas españolas, arrojaron las armas y huyeron presas del pánico. En dos días los españoles tomaron todo lo que necesitaban y quemaron las localidades de Mousehole, Paul, Newlyn y Penzance. También desmontaron la artillería de los fuertes ingleses y la embarcaron en las galeras.

Al final del día, celebraron una tradicional misa católica en suelo inglés, prometiendo construir una iglesia después de que Inglaterra fuera derrotada, embarcaron de nuevo, arrojaron a todos los prisioneros por la borda, hundieron una embarcación de la Royal Navy que les había dado alcance y esquivaron una flota de guerra al mando de Francis Drake y John Hawkins que había sido enviada para expulsarlos. El 5 de agosto, un día después de zarpar de vuelta a Francia, se toparon con una escuadra anglo-holandesa de 46 barcos de la que consiguieron escapar no sin antes hundir dos buques enemigos. El 10 de agosto, Amézquita y sus hombres desembarcaron victoriosos en Blavet, aunque previamente habían parado de nuevo en Penmarch, donde se llevaron a cabo algunas reparaciones. La expedición se saldó con 20 bajas, todas ellas en la escaramuza contra los anglo-holandeses. La expedición de Amésquita fue una de las pocas veces en que soldados españoles desembarcaron en Inglaterra (pero no la única).

Esta victoria, unida a una serie de derrotas inglesas, facilita la hegemonía española en Europa al firmar Inglaterra el tratado de Londres de 1604 durante varios años más.


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