Herencia española 4º aniversario

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09/03/2011

Casa natal de Blas de Lezo

Articulo extraído de: http://www.elguaridadegoyix.com

Para aquellos fanáticos de la historia y admiradores del famoso marino Vasco.

Algo que me falta por añadir y que llevaba mucho tiempo dándole vueltas era la casa natal de Blas de Lezo. Como bien sabemos Blas de Lezo nació en Pasajes (Guipúzcoa) el 3 de febrero de 1689. Gracias a mi amigo Pedro pude localizarla:


Ver Casa de Blas de Lezo en un mapa más grande

Aquí algunas imágenes gentileza de Goyix

https://picasaweb.google.com/salduero/CasaDeBlasDeLezoYOlavarrieta

Blog historia tras las calles

Os quiero presentar el blog de nuestro compañero y lector Zarco el cual me a parecido muy interesanta, así se presenta.

Como bien sabéis, un gran numero de calles en Madrid tienen como nombre algún personaje histórico en la Historia de España. ¿Nunca os preguntasteis quienes son? En este blog intentaré explicar de forma concisa las historias que esconden estos personajes, anónimos para muchos, pero de gran relevancia en su momento.

Tema que me parece muy interesante y del que seguro llegaremos a encontrar muchas curiosidades.

Solo me queda animar a Zarco a seguir con su bonito proyecto y darle mi mas sentida enhorabuena por su proyecto ;)

Luis Blanco, el primer vacunado en Venezuela (1804)

Articulo extraído de: http://www.el-carabobeno.com y lo envía nuestra colaboradora Chany Luna
La viruela es una enfermedad eruptiva, infecciosa, contagiosa y epidémica, con miles de víctimas en el mundo, llegó al Nuevo Mundo en 1518 a la Isla La Española (Haití y Santo Domingo) a través de negros africanos en calidad de esclavos, traídos en un barco portugués. En 1520 la enfermedad causó estragos en México y en 1558 en la Nueva Granada diezmó el 30% de la población. La vacuna antivariólica, la Primera Vacuna en la Historia de Humanidad, fue descubierta por en 1796 por el médico rural inglés Edward Jenner (1749-1823), basado en los estudios realizados en el campo, extrayendo de las ubres de las vacas una pústula o costra, útil para formar un virus que previene la viruela, de allí la denominación de vacuna. La primera prueba la realizó con el niño John James Philips, con tal éxito que en poco tiempo llegaron a vacunar en Inglaterra cien mil niños. El rey español Carlos IV había perdido un hijo a causa de la viruela; preocupado por los niños de la América Española y Filipinas, al conocer que la vacuna había llegado a España en 1800, emitió un Edicto el 1ro de septiembre de 1803 anunciando a los súbditos el motivo de la Real Expedición, a tal fin ordenó a su médico de cabecera Francisco Javier Balmis natural de Alicante (1753-1812), organizar la misión sanitaria, primera en gran escala desarrollada en la América hispana, la cual salió de La Coruña en el navío militar "María Pita" el 30 de septiembre de 1803; la Real Expedición Humanitaria la integraron diez médicos y veintidós niños con edades comprendidas entre cuatro a doce años del Hospicio Santiago de Compostela de La Coruña acompañados de Isabel López Gondalla directora del instituto. Considerando que para la época no existían medios de conservación, los niños se desempeñarían como transportadores en sus brazos a los cuales se realizaba una pequeña incisión con una lanceta (bisturí), colocándose el virus sanador; el método utilizado era el de brazo a brazo realizado cada diez días para mantener en forma activa el virus. El objeto de la expedición sanitaria consistía en: vacunar a la mayor población infantil, enseñar a los médicos locales la técnica antivariólica, organizar juntas de vacunaciones y mantener el suero para continuar las inmunizaciones. Trajeron cientos de ejemplares de la obra "Tratado Histórico y Práctico de la Vacuna" de Luís Jacobo Moreau de la Sarthe (1771-1826), sobre las inmunizaciones y unos dos mil pares de vidrios. Estos abnegados y olvidados héroes benefactores de la humanidad incluyendo a los niños, tuvieron que soportar las inclemencias del tiempo, las agotadoras travesías por mar y tierra, el extenuante clima tropical, las corrientes fuertes de aguas, atravesar llanuras y montañas para proporcionar la vacuna a casi un millón de personas. La primera escala se realizó en Tenerife (islas Canarias), donde vacunaron a cientos de niños; desembarcaron en Puerto Rico en febrero de 1804 con idéntica misión sanitaria. Al llegar a Puerto Cabello la expedición se dividió en dos grandes grupos, el doctor Balmis con varios médicos y niños se dirigió a Cuba, siguió a México teniendo que atravesar el territorio para llegar al Océano Pacífico para embarcar hacia Filipinas; mientras que el Dr. José Salvany natural de Barcelona-España (1777-1810), se encargaría de vacunar en Venezuela empezando por Caracas, luego Margarita, Cumaná y Maracaibo, seguiría a Cartagena, Bogotá, Quito, Chile, Perú y el Alto Perú (Bolivia). El niño Luís Blanco nacido el 25 de junio de 1802, fue el primer vacunado en Venezuela en 1804; de familia distinguida pudo realizar estudios de jurisprudencia, obtuvo el doctorado conferido por la Real y Pontificia Universidad de Venezuela, donde permaneció ejerciendo la docencia por varios años. De una conducta intachable, de recto proceder, muy culto, e impecable funcionario público durante cuarenta y dos años. Fue Juez de de Letras en Valencia, Juez de Primera Instancia en Ocumare del Tuy y Ministro de Cortes Superiores en Caracas, ciudad donde falleció en noviembre de 1874. Durante el proceso de vacunación, según el registro elaborado a tal fin en Caracas recibieron vacuna para el 24 de abril de 1804 la cantidad de dos mil niños y veinticinco niños de la provincia de Venezuela recibieron la dosis entre 1804 y 1808. El doctor caraqueño Felipe Tamariz (1759-1814) apoyó la labor del Dr. Salvany e inclusive organizó la comisión vacunadora. Andrés Bello (1781-1865), recuerda esa grandiosa jornada dedicándole la "Oda a la Vacuna". El sabio venezolano José María Vargas (1786-1853), describió el procedimiento de inoculación en sui trabajo "Epítome sobre la vacuna". El doctor Balmis regresó a España el 10 de agosto de 1808, El doctor José Salvany murió en Cochabamba- Bolivia en 1810, a los treinta y tres años de edad, cumpliendo la noble misión. La Organización Mundial de la Salud declaró el 8 de mayo de 1980 la erradicación de la viruela, un gran avance en la salud pública. La humanidad estará siempre agradecida de la iniciativa y abnegada labor de los profesionales de la medicina y los niños, verdaderos héroes anónimos salvadores de vida.

07/03/2011

Érase una vez en América

Articulo extraído de: http://www.abc.es y lo envía nuestra colaboradora Chany Luna


La prosa de Hugh Thomas vale un imperio. Un imperio como el de Carlos V y la conquista del Nuevo Mundo, ejes del nuevo libro del historiador inglés

El Imperio español, sus muchísimos nombres y hombres y sus innumerables circunstancias sigue siendo El Dorado para muchos historiadores. Y las palabras y los libros que nos iluminan en este apasionante camino continúan arribando procedentes, curiosa, casi paradójicamente, desde los pupitres y los ordenadores de la que entonces fuera la pérfida Albión, enemiga a muerte sobre las procelosas aguas de la Mar Océana, y desde la que desde hace ya muchos años y muchos títulos sin embargo nos llegan esclarecedoras nuevas en las páginas de John H. Elliott, Henry Kamen y, el más reciente en desembarcar en nuestras librerías, Lord Thomas de Swynnerton, esto es, Hugh Thomas, su firma a pie de portada en los numerosos libros que ha dedicado a nuestro país.
EFE
Hugh Thomas
Hace ya cincuenta años que Thomas entró en el ruedo ibérico por la puerta grande con «La guerra civil española», aquel libro clandestino hasta la Transición con el que muchísimos españolitos a los que una de las dos Españas les había helado el corazón conocieron casi por primera vez una visión objetiva y «científica» sobre la Guerra Civil. Desde entonces, Hugh Thomas nunca se ha alejado de nuestra historia durante mucho tiempo. Hace unos años publicaba «El imperio español: de Colón a Magallanes» y ahora entrega la continuación: «El imperio español de Carlos V» (Planeta). Un tercer título dedicado a la época de Felipe II cerrará la trilogía.
Años veinte del siglo XVI. Carlos I de España y V de Alemania lleva desde 1517 entre nosotros, tras pasar toda su vida en Flandes. «Su estancia en España fue realmente importante para él, aunque, sobre todo, Carlos era un hombre internacional, un hombre de mundo que hablaba francés, flamenco, algo de alemán y de italiano, y en español se defendía —cuenta el historiador inglés—. Pero llegó a tener una enorme simpatía por el país. De hecho, eligió Yuste para morir, donde posiblemente pasó los momentos más felices de su vida».
La educación del Príncipe en Flandes durante su juventud fue intensa y corrió a cargo de su tía Margarita y los consejeros Guillermo de Croy y Adriano de Utrecht, luego Papa como Adriano VI. «Su instrucción fue exquisita —explica Thomas—, pero especialmente aprendió algo decisivo para un príncipe y para un hombre de su poder: sus preceptores supieron inculcarle y enseñarle que su papel, su puesto, era un auténtico trabajo. Le encantaba la música, por ejemplo, conocía muy bien a Erasmo, y sus pequeñas “Memorias” son un libro que vale muchísimo la pena leer».
En aquella corte que aposentaba sus reales en Valladolid no faltaban los hombres de cultura como Alonso Valdés, Pedro Mártir, el canciller Gattinara, humanistas y hombres nacidos del Renacimiento. Pero ¿era aquel peculiar mundo instalado a orillas del Pisuerga un feudo de la modernidad? «¿Moderno, realmente qué significa la palabra modernidad? Más bien, creo que era una Corte con rasgos de los nuevos tiempos, pero todavía con otros del mundo medieval. Tal el propio Carlos, que como los reyes de la Edad Media nunca tuvo una sede fija. Sin embargo, era un hombre de su tiempo que viajaba con sus archivos y sus tapices a cuestas. Es difícil tener un juicio concreto sobre él. Pero es absolutamente seguro que poseía un gran sentido del deber y del honor, y que se sentía y tenía plena conciencia de que era alguien muy importante. No obstante, no deja de ser curioso que este hombre que fue prácticamente dueño del mundo al final de su vida por lo estaba realmente preocupado era por su colección de relojes».
No es oro todo lo que reluce
La partida imperial de España se jugaba en esos momentos, además de en Europa, a miles de kilómetros, en América. Nuestros peones y alfiles se batían allí el cobre. Forjaban la leyenda y escribían, a mandoble limpio, la historia. Tipos de heroicidad, valor y coraje casi homéricos, aunque su catadura moral y su crueldad, aún hoy, cinco siglos después, es motivo de debate. Gente como Hernán Cortés, Pizarro, Pedro de Valdivia, Orellana, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Hernando de Soto... cuya violencia era generalmente expresión de su soledad, el aislamiento y el terror ante un mundo totalmente desconocido.
«Por supuesto, estaban muy interesados por el oro y por las riquezas —continúa Hugh Thomas—. Pero no sólo por eso. También por la gloria, y sinceramente por la expansión del Cristianismo. Aunque hay algo más y no menos importante: un enorme espíritu de curiosidad. No paraban de buscar cosas interesantes y nuevas. Por ejemplo, podían hacer una larga marcha en busca de amazonas...».
El libro también incluye suculentos apéndices. Uno de ellos merece especial atención, el dedicado a las cifras. Sobre rentas de las Indias (en maravedíes); sobre poblaciones (especificando blancos, negros, mulatos e indios); sobre remesas de metales preciosos; sobre la navegación (de 2.500 barcos que surcaron el Atlántico durante el reinado de Carlos V 800 naufragaron o desaparecieron). Y es que los conquistadores no estaban tan abandonados a su suerte como pudiera parecer. Las cartas podían tardar años en ser contestadas, pero, sobre todo en México, como subraya Thomas, se «remitían a la Corte y al Consejo de Indias cartas de servicios y méritos, redactadas ante un abogado y numerosos testigos. Mediante ellas se puede seguir la vida y todo lo que hacían los conquistadores en las Indias».
A este lado del Charco, además de recibir el oro y las riquezas como agua de mayo para financiar las guerras en Europa estaban muy pendientes de lo que allende los mares sucedía, tal como asegura Hugh Thomas: «No era como cuando los europeos conocieron China o la India. América era un Nuevo Mundo, y lo que allí sucedía era verdaderamente importante, y más allá de las matanzas, las batallas y el oro se tenía plena conciencia de ello».
Entre los espadazos, las descargas de arcabuz, y la carnicería, un hombre se movía con ideas muy propias: Bartolomé de las Casas, levantando la voz y la palabra de Cristo en defensa de los indígenas. «No era un religioso normal de los que gustan a los poderosos. Tenía un gran encanto personal, era insistente, elocuente y hasta audaz, pues no en vano hizo diez veces la travesía del Atlántico. Creo que es uno de los hombres más importantes de la historia de España, y creo que aquí ganó la batalla, aunque en América los colonos siguieron haciendo lo que quisieron sin tener en cuenta sus eficaces argumentos. Carlos V y Felipe II tomaron muy buena nota de sus ideas».

03/03/2011

Salvas por los diputados doceañistas

Articulo extraído de: http://www.diariodecadiz.es y lo envia nuestro colaborador José Antonio Ríos


Los alcaldes de Cádiz y San Fernando junto con parlamentarios andaluces y otras autoridades realizan un acto de homenaje en el Monumento a Las Cortes · Parte del público acudió vestido de época

Muy puntuales y muy serios, poco antes de las 13:30 horas, los diputados doceañistas accedían ayer al Monumento a Las Cortes de la plaza de España, haciéndose hueco entre el público. Les seguían sus esposas y ciudadanos vestidos de época. Iban a ser homenajeados el mismo día que hace doscientos años se produjo el traslado de las Cortes Generales y Extraordinarias de la Real Isla de León a Cádiz. Junto a ellos, alrededor del monumento, se situaron la Guardia Salinera, el Regimiento de Voluntarios Distinguidos de Cádiz, los Artilleros Voluntarios de Extramuros, la Unidad de la Milicia Nacional, la Unidad de música del Regimiento de Voluntarios Distinguidos, las corporaciones municipales actuales de Cádiz y San Fernando, diputados, senadores, parlamentarios autonómicos y otras autoridades. Entre el público que quiso sumarse al homenaje, había un grupo ataviado de época. El primero en tomar la palabra fue el alcalde de San Fernando, Manuel María De Bernardo, quien hizo un recorrido por los decretos aprobado en los cinco meses de estancia de las Cortes en San Fernando. De Bernardo se dirigió a los diputados doceañistas para decirles que les rendían homenaje porque "dieron lo mejor de sí mismos por España y por la libertad, que quisieron por encima de cualquier diferencia ideológica y de cualquier interés. Y en un momento crítico, trabajaron por el interés general y el bien común". Afirmó que "mantenemos con orgullo la memoria viva de vuestra aportación a la libertad, a la España Moderna y al americanismo". También quiso "rendir un tributo emocionado" a los hombres y mujeres que, desde toda la Bahía, "contribuyeron a hacer posible esos sueños de libertad y de independencia con esfuerzo, penurias y sacrificio". El alcalde de San Fernando calificó el Bicentenario como "una herramienta y una oportunidad para el progreso de nuestras ciudades y para ampliar y profundizar en los lazos que nos unen y en las posibilidades de proyección futura". Por su parte, Gabriel Almagro, delegado del Gobierno de la Junta en Cádiz y gerente del Consorcio para la Conmemoración del II Centenario de la Constitución de 1812, hizo referencia al Cádiz del siglo XIX, a la ciudad que tomó el relevo de San Fernando en los debates sobre la nueva Constitución y donde se promulgaría un año más tarde La Pepa. Aseguró que "una Constitución tan rompedora y vanguardista no podría haber sido aprobada en otro lugar". Quiso felicitar a la alcaldesa de Cádiz y al alcalde de San Fernando por su unión para celebrar conjuntamente un logro común de ambos municipios, "el de la construcción de la sociedad moderna de la que hoy disfrutamos gracias al sello que imprimieron sus ciudadanos". La última en intervenir fue la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, quien habló de las dos sedes que acogieron las sesiones de las Cortes: el Teatro de Comedias de San Fernando, hoy Real Teatro de Las Cortes, y el Oratorio de San Felipe de Cádiz. "Bien podemos considerar el territorio continuo de La Isla y Cádiz, la vieja isla gaditana, como el enclave de la libertad de los españoles. La isla, baluarte invencible; Cádiz, puerto abierto, ciudad de la libertad", dijo. Y se refirió a los diputados como "aquellos hombres llegaron de todos los confines del viejo imperio español para defender la dignidad de la nación y establecer la libertad. El resultado de sus trabajos todavía nos emociona y nos sorprende. Y por ello, estamos determinados a celebrarlo como se merece la hazaña histórica, el hecho político, la memoria de España". Señaló que 1810 fue el año de la Isla de León, donde se afirmara la soberanía de la nación, y 1811 y 1812, los años de Cádiz, los años de nuestra primera Constitución. "Fueron estos tres años los que cimentaron el amor a la patria como valor constitucional o el querer ser justos y benéficos los unos con los otros, como mejor entendimiento de la convivencia en libertad". Terminó su intervención invitando a los presentes a gritar : "¡Viva la Constitución! ¡Viva el Rey! ¡Viva España!" Después, Manuel María De Bernardo y Teófila Martínez colocaron una corona de laurel con el escudo de ambos municipios ante la lápida que conmemora a los diputados. El acto terminó con una salva de fusilería a cargo de la Guardia Salinera y un desfile de tropas de la época.

El Doce sale a escena

Articulo extraído de: http://www.diariodecadiz.es y lo envía nuestro colaborador José Antonio Rios

José Luis Alonso de Santos, uno de los más aclamados dramaturgos del panorama nacional, culmina la obra en la que convierte en héroes del Bicentenario a los conserjes del Oratorio en el que se fraguó La Pepa

El Doce ya tiene su obra de teatro. La firma es la de uno de los dramaturgos de mayor prestigio de la escena nacional: José Luis Alonso de Santos, autor de Bajarse al moro y premio nacional de teatro. El resultado viaja doscientos años y no pone a los doceañistas en los papeles protagonistas, sino a la gente del pueblo. De hecho, lleva por título Los conserjes de San Felipe y casi 50 personajes desfilarán por la escena para construir esta historia que huye de grandes gestas y grandes palabras para centrarse en pequeñas gestas y pequeñas palabras. Cuenta el autor: "Mi amigo Juan Gómez, historiador de El Puerto de Santa María, me puso tras una pista del tema central de esta obra al hablarme de unos fusilamientos acaecidos días antes de la jura y proclamación de la Constitución de 1812. Lo peculiar y sorprendente de este hecho es que los franceses hubieran fusilado a varios ujieres de las cortes constitucionales en lo que hoy se conoce como la playa de la Puntilla, en los Bajos de Poniente de El Puerto, junto a la desembocuadura del Guadalete. ¿Cómo pudieron cogerlos presos en Cádiz, y por qué? ¿Qué razón hubo para llevarles hasta esa playa tan lejana de la ciudad para fusilarlos allí? El asunto me ha hecho dar mil vueltas por archivos y centros de documentación sobre el tema. Lo que pude hallar me sirvió para crear la estructura principal de esta obra. Tuve que cubrir algunos desconocimientos históricos con hechos deducidos. Si los datos aportados son verdaderos o no, juzgue y opine cada espectador, o lector, lo que considere conveniente. Están en su derecho". Partiendo de esta trama, se construye la historia, en la que Alonso de los Santos ha contado con la colaboración de Olvido Producciones. El portuense Enrique Miranda, responsable de Olvido Producciones y el máximo impulsor de este proyecto, afirma que "llevamos todo este tiempo intentando encontrar la propuesta más adecuada para esta trascendental cita con nuestra historia, teniendo en cuenta además la importancia que tiene para mí este acontecimiento. Aún siendo de El Puerto, los años de mi época universitaria los pasé en Cádiz y entiendo la relevancia que tiene en la ciudad un compromiso de este calado. Precisamente mi primera misión ha sido convencer a Alonso de Santos para que escribiera esta obra, algo inédito y muy orientado desde el inicio a través de la idiosincrasia gaditana. Antes de llegar a este punto, hemos revisado obras de Pérez Casaux, Pérez Galdós, Ramón Solís..., hemos estudiado textos con la temática del Doce, como Viva la Pepa, El Fernando,... O incluso textos dirigidos por Alonso de Santos en época de dictadura, señalados con el sello del Ministerio de Información y Turismo superando la censura, caso de Las Hermosas Costumbres. Este texto es el resultado de un minucioso estudio hasta encontrar una entrañable historia tragicómica de orgullo, temperamento, guerra y resistencia al francés". Tanto Alonso de Santos como Miranda y su equipo se han volcado en tener a tiempo una obra que pudiera ser emblemática de la celebración. "Ahora empieza el proceso de producción y, en estos tiempos, el trabajo de buscar dinero para sacarlo adelante. Pero tenemos mucho avanzado porque la materia prima ya está aquí". Miranda define así la obra: "Los Conserjes de San Felipe es un espectáculo que, lejos de señalar fechas y hechos, nos introduce en el alma de un país, en los sentimientos de los gobernantes, de militares, de familias acomodadas y humildes, de diputados fernandinos y liberales, de la lucha de clases en una pequeña isla asediada por el Ejército más poderoso del mundo. Es una obra que se centra en la intrahistoria de la época, en la vida de las gentes, la impronta de los sentimientos, la indiferencia, la necesidad de tomar partido. Los personajes entran en escena días previos a la jura de la Constitución, ajenos a la importancia que tendrá en la historia de este país y de la Europa contemporánea la promulgación de la primera constitución liberal: la Constitución de Cádiz de 1812". La obra arranca con los ujieres del Oratorio de San Felipe Neri planeando un ardid con el ejemplar de la Constitución de por medio. El desarrollo de la trama es una carga positiva, lúdica y festiva, la comedia del Sur en su máxima expresión que con el desarrollo de la misma dará a probar al espectador la almendra amarga de la vida, con un último cuadro que se resume en su título: sangre por la Constitución. "Es el simbolismo de la historia del pueblo español, siempre esforzado, demasiado castigado, pero fiel y capaz de dejarse matar antes que perder su identidad. Un invento maravilloso con un final impactante con la Constitución como desencadenante". Porque la obra, aseguran sus responsables, no busca un público puntual y local, sino una dimensión que le permita situarse en la escena nacional como un referente teatral del Doce. Y los personajes que desfilan por ese Oratorio, preñados de fino humor y casticismo, lo merecen.

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